Para muchas personas, enero se siente eterno. Después de las fiestas, las vacaciones o los días libres, volver a la rutina puede generar cansancio, desánimo y una sensación de que el mes no avanza. A este fenómeno se le conoce como “síndrome de enero”, una experiencia común que mezcla factores emocionales, económicos y físicos.
El llamado síndrome de enero suele estar marcado por el regreso al trabajo o a la rutina, menos horas de descanso, calor en muchas zonas del país y, en varios casos, un presupuesto más ajustado. La acumulación de gastos de diciembre y la presión por cumplir metas de Año Nuevo pueden aumentar el estrés y la irritabilidad.
Especialistas señalan que para sobrellevar este periodo es clave retomar la rutina de manera gradual. Organizar los días con horarios simples, priorizar tareas y no exigirse rendir al máximo desde la primera semana ayuda a reducir la sensación de agobio.
Dormir bien, alimentarse de forma regular y mantenerse hidratado también influyen directamente en el ánimo, así como buscar pequeños espacios de bienestar dentro del día a día, como caminar, escuchar música, ordenar el hogar o planificar actividades agradables para el fin de semana puede hacer que el mes se sienta más llevadero.
El síndrome de enero es una reacción común a un periodo de transición. Bajar las expectativas y avanzar paso a paso permite sobrevivir al mes más largo del año con mayor equilibrio y cuidado personal.